viernes, 5 de diciembre de 2008
Mi papá decía que a cada día lo seguía su noche, que a cada llanto una sonrisa...y a cada nacimiento una muerte. Mi papá decía que había que celebrar las bodas con muchas sonrisas y una lágrima. La sonrisa es para la buena ventura y la lágrima para acordarnos que la vida no es eterna. Y decía que en los funerales había que llorar con muchas lágrimas y una sonrisa. La sonrisa para acordarnos que en la vida todo es una rueda, que lo que nace, nace para morir, y lo que muere, muere para nacer. Pero no hay que ir a las bodas pensando en funerales, ni a los funerales pensando en bodas. A la vida hay que aceptarla como es, con su día y su noche, con su llanto y su sonrisa. Hay que aceptar la vida como es, con sus bodas...y sus funerales.